(Carta abierta a una joven vasca que hace unos días quemó un autobús en Pamplona)
Autor: Justo de la Cueva
6. Para vencer al miedo y a la represión
y cambiar el mundo hay que empezar por hacer la crítica
radical, implacable, de todo lo que existe
Para empezar a hacer todo eso, para empezar a construir el Paraíso
aquí en la Tierra, lo primero que tenemos que hacer, la
imprescindible condición necesaria, es acabar de raíz
con el miedo que nos han metido en el cuerpo. Tenemos, tú
y yo y todas las compañeras y todos los compañeros,
que acabar con el policía que nos han metido agazapado
en nuestro cerebro. Y para ello tenemos que empezar por explicarnos
bien a nosotros mismos lo mal y lo caótico y lo confuso
que está todo a nuestro alrededor y por qué y en
beneficio de quién. Y lo peor que se va a poner enseguida
y por qué y en beneficio de quién. Y cómo
es posible que, estando las cosas así de mal y empeorando
como van a empeorar enseguida en muy concreto beneficio de muy
concretas y escasas personas, sin embargo no estalle todo. Cómo
es posible que la gente trague lo que traga, aguante lo que aguanta.
Y que, encima, a muchísimos les guste. Que, encima, aunque
la pregunta tiene trampa, sea verdad que mayorías del ochenta
por ciento y más contesten que son felices cuando se lo
preguntan en las encuestas.
La receta para acabar con el miedo, infalible pero difícil
y costosa, es luchar y, antes de luchar y para empujarse a luchar
y mientras se lucha, actuar sobre el presente haciendo la crítica
radical, implacable, de todo lo que existe. La receta nos
la escribió, como un programa vital formulado en plena
juventud, lúcido y genial, un compañero que fue
una figura excepcional, monumental, inolvidable y decisiva de
la historia intelectual y política mundial: Karl Marx.
Contando sólo veinticinco años y cuatro meses de
edad, en septiembre de 1843, en la misma carta en que le comunicaba
a Arnold Ruge que "a final de mes, estaré en París,
porque el aire que respiramos en Alemania nos esclaviza y me resulta
completamente imposible desarrollar una actividad libre",
en la misma carta en la que reafirmaba su confianza en la proyectada
revista Anales franco-alemanes diciendo "Estoy
convencido de que nuestro proyecto se corresponde a una exigencia
real y las exigencias reales tienen que satisfacerse en la realidad",
le decía también, precisando el planteamiento revolucionario
de la revista:
"nosotros no anticipamos dogmáticamente el mundo,
pero a partir de la crítica del viejo pretendemos deducir
el nuevo....Si la construcción del futuro y la invención
de una fórmula perennemente actual no es obligación
nuestra, tanto más evidente resulta que tenemos que actuar
sobre el presente a través de la crítica radical
de todo lo existente, radical en el sentido de que la crítica
no se asusta ni frente a los resultados logrados ni frente al
conflicto con las fuerzas existentes". (14)
Te hago ya mismo una advertencia muy, pero que muy, necesaria
y que te encarezco tengas muy en cuenta. Es, ciertamente necesario
hacer una crítica radical, implacable, de todo lo existente
hecho por el enemigo. Pero es imprescindible hacer
una crítica radical, implacable, de todo lo existente hecho
por nosotros y por nuestros amigos. Te lo subrayo porque es
seguro que en tu entorno haya más de uno y más de
dos imbéciles de esos que creen que criticar lo que nosotros
y nuestros amigos o compañeros de lucha hacemos es dar
bazas al enemigo. Al enemigo se le dan bazas cuando se cae
en la imbecilidad de creer que unirse a una lucha justa equivale
a entrar en un cabalístico o alquimista círculo
mágico de tiza que de forma mágica e instantánea
convierte a los tontos en listos, a los torpes en hábiles,
a los ignorantes en sabios, a los cobardes en valientes, a los
bocazas en discretos. La chorrada esa del don de lenguas que el
Espíritu Santo regala a los apóstoles por el hecho
de reunirse es nada más que otra patraña de la alienación
religiosa. Marx nos advirtió en la tercera tesis sobre
Feuerbach que "el propio educador necesita ser educado",
que la práctica revolucionaria consiste en la coincidencia
de la modificación de las circunstancias Y de la
actividad humana.
Te pondré un ejemplo de esa crítica necesaria de
lo nuestro. Mi corazón ha saltado y salta de gozo al seguir
la práctica del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional. Envidio cantidad al subcomandante Marcos porque piensa
con una mente afilada como una navaja de afeitar y porque escribe
como los ángeles escribirían si existieran y fueran
los mejores escritores. Pero considero un grave error el uso "exclusivo"
que ellos están haciendo del término "Neoliberalismo"
para designar al enemigo (por ejemplo al titular el Primer Encuentro
Intercontinental Contra el Neoliberalismo). Me parece útil
usar el término "Neoliberalismo" en la lucha
porque es usar el nombre que el enemigo y sus corifeos se dan
a sí mismos y eso ayuda a la gente a saber identificar
al enemigo (habilidad que Lenin nos enseñó que,
junto con la de saber identificar a los posibles aliados, son
las dos capacidades imprescindibles de los revolucionarios). Pero
no hacer a la vez el continuo recordatorio de que ese "Neoliberalismo"
es la careta que hoy se pone el capitalismo, no subrayar a la
gente que el enemigo es el capitalismo, es un gravísimo
error táctico y estratégico. Porque corre el riesgo
de desaprovechar todo un tesoro de teoría y de práctica
acumulado históricamente por los parias de la Tierra. Un
tesoro de teoría trabajosamente elaborada sobre los secretos
y el funcionamiento de la maquinaria de explotación que
el capitalismo es. Y un tesoro de práctica acumulada por
un largo rosario de luchas heroicas, de victorias y de derrotas
cuyas enseñanzas (sobre todo las de las derrotas) son de
inconmensurable valor.
¿Lo ves?. Amar, respetar y admirar a unos luchadores concretos
no le excusa a uno de la obligación de criticar radical,
e implacablemente, su práctica. No lo olvides nunca. Y
vamos a seguir con el hilo de nuestro discurso. Que consistía
en ver cómo podemos vencer al miedo que nos meten en el
cuerpo.
Es precisamente haciendo crítica radical como tú y yo (yo escribiendo y tú leyendo y reflexionando sobre lo que lees) alcanzaremos a explicarnos la fabricación del miedo que tenemos que arrancarnos del cuerpo. Quédate ya ahora mismo con la copla de dos claves para esa explicación. Se llaman la alienación y la sorda coerción del sistema.
Son dos claves que necesitas para entender bien cómo se
fabrica el miedo en ti misma y a tu alrededor, en tus vecinos,
en tus compañeros de estudio e incluso en las gentes de
tu propia familia. Para no andarnos por las nubes ni por los cerros
de Ubeda, te concretaré más: las necesitas para
entender bien cómo se fabrica el discurso de España
y del Capital contra los jóvenes vascos. Si aprendes a
usarlas será como si tuvieras una máscara antigás
o un antídoto infalible contra la venenosa atmósfera
creada por los plumíferos de los medios de comunicación
de masas al servicio del Capital respecto de vuestra lucha y respecto
de vosotros mismos, los jóvenes vascos revolucionarios.
Serán entonces para ti, te lo aseguro, tan imprescindibles
para tu autodefensa como para su insultante e insoportable impunidad
son la capucha para el torturador o el casco con visera opaca
para el brutal ertzaina apaleador.
De la sorda coerción del sistema te he hablado ya
bastante cuando contemplábamos páginas atrás
la depauperación absoluta de la juventud y volveremos
a tratar el tema más adelante. Como más adelante
te hablaré del crucial asunto de la alienación.
Tarea preparatoria para profundizar luego en el problema de la alienación es la que ya mismo empezamos aquí: destripar muchas mentiras sobre lo que está pasando no sólo en Euskal Herria sino en el mundo en el que Euskal Herria está y que influye decisivamente en lo que pasa en y con Euskal Herria.
Notas:
(14) Karl Marx: Carta a Arnold Ruge desde Kreuznach, septiembre
de 1843, en Deutsch-französische Jahrbücher,
París/Zurich, 1844. Cito de las páginas 66/67 de
la traducción en castellano: Karl Marx y Arnold Rudge:
Los anales franco-alemanes, Ediciones Martínez Roca
S.A., Barcelona, 1973 (2ª edición, la 1ª es de
1970). 283 páginas.
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